Un poco de levadura leuda toda la masa. Gálatas 5:9
Por eso hay que tener muchísimo cuidado con lo que uno permita entrar en su vida. Un poquito aquí y un poquito allá y de repente, casi sin haberse dado cuenta, uno ha cedido mucho territorio a la carne, al mundo y al diablo.
¿Y cómo sucedió esto?
Poco a poco. Uno va bajando los estándares y dejando los principios Bíblicos poquito a poco. Uno se da permiso de mirar en algún programa palabras vulgares o escenas sensuales y cuando viene a ver, ya está cambiando su modo de pensar, su modo de actuar, su modo de hablar y su modo de vestir. Nos acostumbramos al pecado, ¿no? Peligroso...
Sirve que nos examinemos cuidadosamente para ver dónde hemos cedido territorio en nuestras vidas.
Vuelve.
"Conviértanse ellos a ti y no tú a ellos", como le dijo el Señor a Jeremías.
No estás tarde.
Vuelve. Nuestro Dios es misericordioso y paciente con nosotros.
Vuelve. Dios te ama.
Vuelve.
Sólo vuelve.
Un lugar para la esposa del pastor y para toda mujer Cristiana...
martes, 24 de septiembre de 2013
martes, 17 de septiembre de 2013
No digas, de esa agua nunca beberé...
¿En qué estoy pensando?
¿Te gusta Facebook o Twitter?
Pues, considera esto:
Así que, mis amigos, antes de hacer clic en ese tan importante botón "Postear" o "Publicar", hazte la pregunta, "¿Puedo postear esto para la Gloria de Dios?
Si la contestación es NO, pues, NO LO HAGAS.
Es así de sencillo. Ni más ni menos.

No vale la pena la angustia que un momentito de gusto te pueda causar...
No vale la pena un minuto de venganza a cambio de años de lamento por haber herido a un amigo.
No vale la pena reírte de alguien a por quedar bien con los demás a cambio de tu integridad.
No vale la pena.
¿Te gusta Facebook o Twitter?
Pues, considera esto:
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
1 Corintios 10:31 (RVR1960)
Si la contestación es NO, pues, NO LO HAGAS.
Es así de sencillo. Ni más ni menos.

No vale la pena la angustia que un momentito de gusto te pueda causar...
No vale la pena un minuto de venganza a cambio de años de lamento por haber herido a un amigo.
No vale la pena reírte de alguien a por quedar bien con los demás a cambio de tu integridad.
No vale la pena.
Tu Testimonio...
¿Qué tipo de influencia tienes sobre tus amistades y parientes?
¿Aspiran ellos a conocer a Cristo por tu influencia o no ven diferencia en tu vida y la de ellos?
O, peor que eso: ¿Te han convertido ellos a sus malos hábitos, mejor dicho, a sus pecados en vez de ser lo contrario?
Bien dijo el Señor Dios:
Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
¿Aspiran ellos a conocer a Cristo por tu influencia o no ven diferencia en tu vida y la de ellos?
O, peor que eso: ¿Te han convertido ellos a sus malos hábitos, mejor dicho, a sus pecados en vez de ser lo contrario?
Bien dijo el Señor Dios:
Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
jueves, 1 de agosto de 2013
¿Eres HIPÓCRITA?
¿Eres hipócrita? No, hermana, ¿cómo va a creer eso de mí?
Pues, examínate bien. Hay muchísimas personas que dicen que son Cristianos, pero su comportamiento no es de un creyente, de un seguidor de Cristo.
¿Dices que eres Cristiano pero maldices o dices palabras malas?
Cuida bien qué sale de tu boca. Lo que sale de tu boca tiene que ser en el Nombre de Jesús.
Veamos.
Y TODO lo que hacéis, sea de PALABRA o de hecho, hacedlo todo en
Realmente, nos tenemos que examinar porque no todo lo que brilla es oro. A veces justificamos nuestras acciones debido a las emociones o porque es aceptado por los demás, es lo que todos hacen. Y otras veces es porque queremos que los demás nos acepten en vez de buscar la aceptación, mejor dicho, la aprobación de Nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo.
Ponte a pensar: ¿A quién quieres complacer, a Dios o a gente que realmente no tienen trascendencia eterna para ti?
¿Qué está saliendo de tu boca? ¿Palabrotas, vulgaridades, maldiciones o palabras que edifican?
¿A quién estás tratando de impresionar?
Proponte ser la persona que edifica con sus palabras, que ayuda con sus palabras, que consuela con sus palabras, que glorifica a Dios con sus palabras.
No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
I Corintios 15:33
Y le añadiré a esta conversación en otra ocasión...
Pues, examínate bien. Hay muchísimas personas que dicen que son Cristianos, pero su comportamiento no es de un creyente, de un seguidor de Cristo.
¿Dices que eres Cristiano pero maldices o dices palabras malas?
Cuida bien qué sale de tu boca. Lo que sale de tu boca tiene que ser en el Nombre de Jesús.
Y TODO lo que hacéis, sea de PALABRA o de hecho, hacedlo todo en
el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de
él. Colosenses 3:17
Realmente, nos tenemos que examinar porque no todo lo que brilla es oro. A veces justificamos nuestras acciones debido a las emociones o porque es aceptado por los demás, es lo que todos hacen. Y otras veces es porque queremos que los demás nos acepten en vez de buscar la aceptación, mejor dicho, la aprobación de Nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo.
Ponte a pensar: ¿A quién quieres complacer, a Dios o a gente que realmente no tienen trascendencia eterna para ti?
¿Qué está saliendo de tu boca? ¿Palabrotas, vulgaridades, maldiciones o palabras que edifican?
¿A quién estás tratando de impresionar?
Proponte ser la persona que edifica con sus palabras, que ayuda con sus palabras, que consuela con sus palabras, que glorifica a Dios con sus palabras.
No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
I Corintios 15:33
Y le añadiré a esta conversación en otra ocasión...
viernes, 26 de julio de 2013
¿Por qué reacciono así?
Jesús dijo en Mateo 11,
28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Parecen palabras sencillas a primera vista, sin embargo, no lo son. Tenemos la tendencia de lamentarnos, hundirnos, desesperarnos a veces, cuando sentimos la dura carga, sea del trabajo, sea de la vida, y hacemos todo menos ir a Él, El cual nos promete que si venimos a Él, Él nos hará descansar.
Estamos reaccionando.
Y huimos de Él. Huimos, aún cuando decimos que no, que lo buscamos en oración, que fuimos a la iglesia o a la reunión, pero por dentro, hemos huido. ¿Cómo sé que huí y no recurrí a Jesús? Porque no tengo descanso. No he descansado en Él. No he encontrado la paz que sobrepasa todo entendimiento que solo viene con una relación estrecha con mi Señor y Salvador, El que ama mi alma. No me refugié en Su regazo.
Fíjate que no dije que encontré la respuesta inmediata a mi problema, que todo salió bien, que se resolvió instantáneamente cuando busqué a Jesús. Eso no sucede siempre, sin embargo, por dentro esperamos eso o tal vez es que el enemigo nos lo susurra al oído.
Pero, Cristo quiere que yo venga a Él. No es esto todo lo que quiere. Él exige más. Me dice ahora que lleve Su yugo sobre mí. Después que busque descanso en Él, ahora quiere que yo lleve Su yugo, Su carga. ¿Otra carga más? Sí. Pero, no es cualquier carga. Es la carga de Dios el Hijo, del Salvador Nuestro. Es la carga del que dijo, Yo Soy.
Piensen en esto, que Él quiere que aprendamos de Él, que llevemos Su carga, y primero, que vengamos a Él. Aprender de Él, que es manso y humilde de corazón. Amadas hermanas, cuando aprendemos de Su mansedumbre y Su humildad, hallamos descanso, hallamos paz. Él que cuando llegó el tiempo de Su gran sacrificio, no contestó, no replicó, no regañó, no huyó.
Dirás, Pero, ¡Señor! ¡Estoy pasando por un problema muy grande! ¿No sabes cómo me siento?
Venid a Mí...
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Isaías 53:3
todos los que estáis trabajados y cargados...
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:6
Y Yo os haré descansar...
Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. :7
Aprended de Mí, porque Mi yugo es fácil y ligera Mi carga,
Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. :12
Y hallareís descanso...
Hermanas, si no tenemos la paz que nos promete el Señor Jesucristo, es porque no hemos venido a Él, haciendo lo que Él nos pide, nos exige. Él sí conoce nuestras vidas y problemas. Aprenderemos a contestar y a reaccionar como Él.
¿Crees que no puedes? Lo hizo Esteban, el primer mártir, cuando lo estaban apedreando. Si estás respondiendo en base a tus emociones y te das la excusa de que estás bajo presión, que tienes problemas, eres desobediente, mundana y carnal. Palabras fuertes pero ciertas, ¿no? Tenemos que reposar en Él y no reaccionar como lo hace el Cristiano carnal y mundano. Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe...Hebreos 12. Esto me incluye a mí, también.
No quites los ojos de Jesús. Descansa en Él. Sé como Él. Es la voluntad de Dios.Señor, ayúdame a ser como Tú, a aprender de Ti, a meditar en Tu Palabra y tomar fuerza de Ti. Te lo pido en el Nombre Precioso de Jesús, Nuestro Gran Salvador.
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Romanos 8:29
¿Por qué reacciono así?
Jesús dijo en Mateo 11,
28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Parecen palabras sencillas a primera vista, sin embargo, no lo son. Tenemos la tendencia de lamentarnos, hundirnos, desesperarnos a veces, cuando sentimos la dura carga, sea del trabajo, sea de la vida, y hacemos todo menos ir a Él, El cual nos promete que si venimos a Él, Él nos hará descansar.
Estamos reaccionando.
Y huimos de Él. Huimos, aún cuando decimos que no, que lo buscamos en oración, que fuimos a la iglesia o a la reunión, pero por dentro, hemos huido. ¿Cómo sé que huí y no recurrí a Jesús? Porque no tengo descanso. No he descansado en Él. No he encontrado la paz que sobrepasa todo entendimiento que solo viene con una relación estrecha con mi Señor y Salvador, El que ama mi alma. No me refugié en Su regazo.
Fíjate que no dije que encontré la respuesta inmediata a mi problema, que todo salió bien, que se resolvió instantáneamente cuando busqué a Jesús. Eso no sucede siempre, sin embargo, por dentro esperamos eso o tal vez es que el enemigo nos lo susurra al oído.
Pero, Cristo quiere que yo venga a Él. No es esto todo lo que quiere. Él exige más. Me dice ahora que lleve Su yugo sobre mí. Después que busque descanso en Él, ahora quiere que yo lleve Su yugo, Su carga. ¿Otra carga más? Sí. Pero, no es cualquier carga. Es la carga de Dios el Hijo, del Salvador Nuestro. Es la carga del que dijo, Yo Soy.
Piensen en esto, que Él quiere que aprendamos de Él, que llevemos Su carga, y primero, que vengamos a Él. Aprender de Él, que es manso y humilde de corazón. Amadas hermanas, cuando aprendemos de Su mansedumbre y Su humildad, hallamos descanso, hallamos paz. Él que cuando llegó el tiempo de Su gran sacrificio, no contestó, no replicó, no regañó, no huyó.
Dirás, Pero, ¡Señor! ¡Estoy pasando por un problema muy grande! ¿No sabes cómo me siento?
Venid a Mí...
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Isaías 53:3
todos los que estáis trabajados y cargados...
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:6
Y Yo os haré descansar...
Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. :7
Aprended de Mí, porque Mi yugo es fácil y ligera Mi carga,
Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. :12
Y hallareís descanso...
Hermanas, si no tenemos la paz que nos promete el Señor Jesucristo, es porque no hemos venido a Él, haciendo lo que Él nos pide, nos exige. Él sí conoce nuestras vidas y problemas. Aprenderemos a contestar y a reaccionar como Él.
¿Crees que no puedes? Lo hizo Esteban, el primer mártir, cuando lo estaban apedreando. Si estás respondiendo en base a tus emociones y te das la excusa de que estás bajo presión, que tienes problemas, eres desobediente, mundana y carnal. Palabras fuertes pero ciertas, ¿no? Tenemos que reposar en Él y no reaccionar como lo hace el Cristiano carnal y mundano. Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe...Hebreos 12. Esto me incluye a mí, también.
No quites los ojos de Jesús. Descansa en Él. Sé como Él. Es la voluntad de Dios.Señor, ayúdame a ser como Tú, a aprender de Ti, a meditar en Tu Palabra y tomar fuerza de Ti. Te lo pido en el Nombre Precioso de Jesús, Nuestro Gran Salvador.
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Romanos 8:29
lunes, 3 de junio de 2013
¿Dónde Me Quiere Dios?
Tal vez te haces esa pregunta de vez en cuando o de cuando en vez. Piensas que no estás donde te sientes a gusto, donde puedes ser de bendición en la obra de Dios. Tal vez estés cansada, agotada, desilusionada.
Espera. Cambiemos la pregunta a, ¿dónde necesita Dios que yo esté?
Hace muchos años, viví en Honduras. Pasaba los días leyendo la Biblia, estudiando, ayudando en la casa y leyéndole la Biblia y algunos libros a doña Olga, mi suegra, que ya estaba ciega. "¿Y me va a leer la Biblia?" Me preguntaba casi todos los días sin falta. "Claro que sí. ¿Qué quiere que le lea hoy?" Enseñaba también la escuela dominical, pero pasaba más tiempo con doña Olguita.
Alguien me dijo, "Estás botando tu educación. ¿Para qué estudiaste, entonces? ¿Para estar gastando tu tiempo con una sola persona en vez de estar enseñando o haciendo algo más? ¿Para qué tienes maestría?" No recuerdo qué contesté, pero traté de ser cortés.
En Hechos capítulo 8 leemos lo siguiente:
5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.
6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;
8 así que había gran gozo en aquella ciudad.
Felipe era un diácono en Jerusalén y se encontró en Samaria, predicando, viendo muchísima gente viniendo a los pies de Cristo, vidas cambiadas, milagros hechos a través de él. Esta gente era considerada de segunda clase a ojos de los judíos. No trataban ellos con los samaritanos quienes eran solo en parte judíos ya que eran mezclados con los gentiles, los no-judíos. Y ahora, ¡Dios les estaba concediendo la salvación a ellos, a los samaritanos odiados! ¡Qué gran milagro! ¡Qué gran muestra del amor, de la aceptación de Dios! Pero, en medio de toda esa emoción, de la gente lista para escuchar la predicación de la Palabra de Dios, de todo lo que Dios estaba haciendo a través de Felipe, Dios lo manda a que vaya a otro lugar.
Y él fue. Sin quejarse, sin preguntar, totalmente obediente; no como el famoso Jonás.
27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,
Y, ¿para qué fue allá? Para una sola persona. Un hombre de vuelta a su país. Alguien que quizás no vería jamás.
Y Felipe fue. Y el etíope fue salvo, mostrando con sus palabras el testimonio de la gracia de Dios a través de Cristo Jesús.
Y ahora, hermanita, te toca a ti. ¿Dónde quiere Dios que tú estés? ¿Donde hay mucha gente, cantos, celebraciones? ¿O te querrá Dios en un lugar donde no recibas reconocimiento, donde no te conocen, pero donde hay alguien que te necesita? Dios necesita que estemos dispuestas a servirle en donde quiera que nos envíe y en la capacidad que nos muestre.
¿Lo harás?
Espera. Cambiemos la pregunta a, ¿dónde necesita Dios que yo esté?
Hace muchos años, viví en Honduras. Pasaba los días leyendo la Biblia, estudiando, ayudando en la casa y leyéndole la Biblia y algunos libros a doña Olga, mi suegra, que ya estaba ciega. "¿Y me va a leer la Biblia?" Me preguntaba casi todos los días sin falta. "Claro que sí. ¿Qué quiere que le lea hoy?" Enseñaba también la escuela dominical, pero pasaba más tiempo con doña Olguita.
Alguien me dijo, "Estás botando tu educación. ¿Para qué estudiaste, entonces? ¿Para estar gastando tu tiempo con una sola persona en vez de estar enseñando o haciendo algo más? ¿Para qué tienes maestría?" No recuerdo qué contesté, pero traté de ser cortés.
En Hechos capítulo 8 leemos lo siguiente:
5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.
6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;
8 así que había gran gozo en aquella ciudad.
Felipe era un diácono en Jerusalén y se encontró en Samaria, predicando, viendo muchísima gente viniendo a los pies de Cristo, vidas cambiadas, milagros hechos a través de él. Esta gente era considerada de segunda clase a ojos de los judíos. No trataban ellos con los samaritanos quienes eran solo en parte judíos ya que eran mezclados con los gentiles, los no-judíos. Y ahora, ¡Dios les estaba concediendo la salvación a ellos, a los samaritanos odiados! ¡Qué gran milagro! ¡Qué gran muestra del amor, de la aceptación de Dios! Pero, en medio de toda esa emoción, de la gente lista para escuchar la predicación de la Palabra de Dios, de todo lo que Dios estaba haciendo a través de Felipe, Dios lo manda a que vaya a otro lugar.
Y él fue. Sin quejarse, sin preguntar, totalmente obediente; no como el famoso Jonás.
27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,
Y, ¿para qué fue allá? Para una sola persona. Un hombre de vuelta a su país. Alguien que quizás no vería jamás.
Y Felipe fue. Y el etíope fue salvo, mostrando con sus palabras el testimonio de la gracia de Dios a través de Cristo Jesús.
Y ahora, hermanita, te toca a ti. ¿Dónde quiere Dios que tú estés? ¿Donde hay mucha gente, cantos, celebraciones? ¿O te querrá Dios en un lugar donde no recibas reconocimiento, donde no te conocen, pero donde hay alguien que te necesita? Dios necesita que estemos dispuestas a servirle en donde quiera que nos envíe y en la capacidad que nos muestre.
¿Lo harás?
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