lunes, 18 de diciembre de 2023

Por qué fui a la visitación

 Por qué fui a la visitación

No quería ir. Pero alguien podría morir. He trabajado mucho esta semana. Necesito descansar y ponerme al día con mis quehaceres y estudios. Pero alguien podría morir.

Siempre que voy, me afecta por las alergias a los químicos y las comidas. A veces, me he enfermado mucho y el sábado el plan era ir al mercado de pulgas donde siempre hay mucha comida y gente con mucho perfume. No quería ir, sabía que me iba a enfermar, pero alguien podría morir.

Hace muchos años, ya van cuatro décadas y un tanto más, alguien visitó a una amiga mía de la escuela y ella me invitó a acompañarla a la iglesia. No quería ir, pero ella era mi amiga. La llevé y me quedé.

Me enojé porque lo que escuché era la verdad. Es la verdad. No lo quería admitir. La siguiente semana, no quería ir, pero fui. Y seguí yendo. Hasta que un día, quise saber más y pregunté y comprendí y a Cristo conocí.

No quería ir, pero sabía que yo podría morir.

Y entonces, la paz de tener los pecados borrados por Cristo, esa Paz conocí.

Así que, el sábado, fui. No quería ir, pero alguien podría morir. Y ese alguien podrías ser tú, amigo o amiga que estás leyendo esto.

Y tú que ya conoces a Cristo Jesús como Único y Suficiente Salvador, que ya tienes la paz de tener tus pecados borrados y tu nombre escrito en el libro de la vida, ¿qué esperas tú por venir, también?

Porque alguien podría morir.

No dejes que suceda.

Sé valiente.

Sé obediente.

Ven tú también.

Ven.

 


Juan 9:4  Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.


martes, 18 de julio de 2023

Alegría y gozo ocupada para el Señor

Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. Lucas 19:13 

Tenía que mantenerme ocupada.

Mirando el verso de la Biblia, la palabra “negociad” significa, estar ocupado, hacer negocio, tratos. Una buena amiga me dijo, “Mantente ocupada”. ¿Por qué?

Los primeros días, semanas y meses después de que mi esposo se fue con el Señor Jesucristo, yo lloraba mucho. Especialmente esos primeros días, estaba atónita de que esto me estuviera sucediendo. Hora tras hora, minuto tras minuto, ahí estuve junto a mi esposo, esperando lo inevitable, que mi amado dejara este mundo, esta vida, para irse con el Señor Jesucristo. Que me estaba dejando a mí atrás.

Podía mirar mil veces el reloj y sólo habían pasado unos segundos o tal vez, un minuto, dos. El tiempo pasaba lentamente y pasaba rápidamente. Oraba. Cantaba. Le hablaba a José Edgardo entre lágrimas. Tuve varias oportunidades de compartir el Evangelio a la gente a mi alrededor. Aunque estaba sufriendo el dolor más fuerte de mi vida, aprovechaba para dar testimonio de la salvación por la gracia en el Señor Jesucristo.

Le di las gracias al doctor y a las enfermeras. Llamé a unas pocas personas. Una amiga con su esposo y su hijo vinieron a llevarme a casa. Esta vez sí que estaba la casa vacía. Ausencia permanente. Sin embargo, la gracia de Dios estaba en mi vida. El Señor me dio la fuerza que jamás podría yo tener durante la espera difícil y en las horas que siguieron. Yo quería quedarme en casa llorando el resto de mi vida. Imposible. No quería ver a nadie ni hacer nada y a la vez, tenía miedo de estar sola. Sin la compañía de mi esposo, mi mejor amigo, mi compañero en risas y bromas, ¿cómo podría seguir? Esto no me estaba funcionando. ¡Mientras más lloraba, lloraba más! Tuve que obedecer la Palabra de Dios. No solo de lágrimas vivirá esta mujer viuda.

Por fin. Solaz. En mi Salvador encontré lo que necesitaba. En mi soledad, a pesar del dolor, mi Salvador me salvó de mí misma. Y cantaba. Cantaba y todavía canto alabanzas, escuchaba y todavía escucho música Cristiana tradicional, conservadora, que anima, amonesta y consuela. Escuché capítulo tras capítulo de la Biblia, la Palabra de Vida, especialmente, los Salmos. Derramé mi alma y corazón delante de mi Señor y Salvador.

Cuando podía, compartía el Evangelio con tratados y con palabras. Sigo en la brega, porque la lucha, la carrera será hasta que yo vaya con mi Padre Celestial o que el Señor Jesucristo venga por Su pueblo para llevarnos con Él.

Hay esperanza, hay consuelo, hay solaz y gozo en la presencia de Nuestro Señor Jesucristo. Hay gozo al hacer la voluntad de nuestro Dios.

Negociad, Ocupaos, dijo. Desde el jardín del Edén hasta entrar a la vida externa, si tú y yo hacemos lo que nuestro Salvador nos manda, tendremos un propósito para vivir. Y ese propósito trae satisfacción y gozo. 

 Alegría es para el justo el hacer juicio;

Mas destrucción a los que hacen iniquidad.

rosa

                         Proverbios 21:15