domingo, 1 de mayo de 2016

Religioso, muy cumplidor, haciendo obras, pero perdido


La gente religiosa cumple con ir a la iglesia o con hacer muchas oraciones y hasta ser muy amables y corteses. Claman que aman a Dios, y sin embargo, viven sin tomar en cuenta la Palabra de Dios. Hoy día llegan hasta el punto de atreverse a decir que la Biblia está anticuada y hay que ser tolerante a lo que la gente quiere ser o hacer. Escogen lo que les conviene de la Palabra de Dios. Esto es ser hipócrita. Otros se sumergen en su religiosidad y creen que Dios les aceptará por eso. 

Así ocurrió en el tiempo de Isaías y por eso Dios lo envió a que le hablara a un pueblo religioso pero perdido.

Y Dios le dice a Isaías que clame, que grite, que no tome en cuenta los sentimientos de su pueblo. Y le dice:
Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob (Israel) su pecado.
Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido?
Isaías 58:1-3a 

Al contrario, Jehová Dios quiere que seamos conformados a la imagen de Jesucristo, que seamos santos, o sea, apartados para Dios y ser usados por Dios. Si no estás seguro que cuando mueras, irás al cielo, Dios quiere que tú te arrepientas de tu  condición de pecador, que reconozcas que has pecado contra Él y que aceptes el sacrificio que Jesucristo hizo por ti. Él tomó todos nuestros pecados y los pagó en la cruz.

Si estás dispuesto a ponerte en las Manos de Dios, si crees que Jesús es Dios en la carne y vino para pagar por tus pecados y estás dispuesto a confesar que has pecado contra Dios, contra Su Palabra, estás dispuesto a arrepentirte de tu condición de pecador, entonces estás listo para aceptar a Jesucristo como tu Único y Suficiente Salvador.  Podrías orar esto, si no sabes cómo decirle a Dios: 

Señor, confieso que soy pecador, que he pensado y hecho cosas malas. Sé que merezco ser lanzado al lago de fuego, pero no quiero ir allá. Yo creo que Jesús es Dios y murió para pagar por mis pecados. Jesús, perdóname y límpiame de mis pecados.  Gracias te doy por la vida eterna. En el Nombre de Jesús, amén.

Y ahora, ¿qué le debes a Dios?
Tu vida, tu futuro, tu servicio, y tu amor.

Jesús dijo:
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Mateo 11: 28-30